--No me voy—dijo ella--. Me quedo contigo.
--Tu enamorado te está esperando—respondió al Mago--.Yo bendeciré vuestro amor.
Brida lo miró sin entender.
--Nadie puede poseer una salida de sol como aquella que vimos una tarde—continuó--.Así como nadie puede poseer una tarde con lluvia golpeando las ventanas, o la serenidad que un niño durmiendo derrama alrededor, o el momento mágico de las olas rompiendo en las rocas. Nadie puede poseer lo más bello que existe en la tierra, pero podemos conocer y amar. A través de estos momentos, Dios se muestra a los hombres.
No somos dueños del sol, ni de la tarde, ni de las olas, ni siquiera de la visión de Dios, porque no podemos poseernos a nosotros mismos.
El mago extendió la mano hacia Brida y le entregó una flor.
--Cuando nos conocimos, y parece que yo siempre te conocí, porque no consigo recordar cómo era el mundo antes, te mostré
Brida tocaba la flor. Era la primera flor que veía en muchos meses. La primavera había llegado.
--Las personas dan flores de regalo porque en las flores ésta el verdadero sentido del Amor. Quien intente poseer una flor, verá marchitarse su belleza. Pero quien se limite a mirar una flor en un campo, permanecerá para siempre con ella. Porque ella combina con la tarde, con la puesta de sol, con el olor de tierra mojada y con las nubes en el horizonte.
Brida miraba la flor. El Mago volvió a tomarla y la devolvió al bosque.
Los ojos de Brida se llenaron de lágrimas. Estaba orgullosa de su Otra Parte.
--El bosque me enseño esto: que tú nunca serás mía y por eso te tendré para siempre. Tú fuiste la esperanza de mis días de soledad, la angustia de mis momentos de duda, la certeza de mis instantes de fe.
“Porque sabía que mi Otra Parte iba a llegar un día, me dediqué a aprender
Brida no conseguía reprimir las lágrimas.
--Entonces tú llegaste y entendí todo esto. Llegaste para liberarme de la esclavitud que yo mismo me había creado, para decirme que estaba libre, que podía volver al mundo y a las cosas del mundo. Yo entendí todo lo que necesitaba sabes y te amo más que a todas las mujeres que conocí en mi vida, más de lo que amé a la mujer que me desvió, sin querer, hacia el bosque. Me acordaré siempre de que el amor es la libertad. Esta fue la lección que tardé tantos años en aprender.
Esta fue la lección que me exilió, y que ahora me libera.
Las llamas crepitaban en la hoguera, y los pocos invitados que quedaban comenzaban a despedirse. Pero Brida no escuchaba nada de lo que estaba pasando.
--¡Brida!—oyó una voz distante.
--El te está mirando, muchacha—dijo el Mago--.Era la frase de una vieja película que había visto. Se sentía alegre, porque había girado otra página importante de
--Me acordaré toda la vida de ti, y tu de mí. Así como nos acordaremos del atardecer, de las ventanas con lluvia, de las cosas que tendremos siempre porque no podemos poseerlas.
--¡Brida!—volvió a llamar Lorens.
--Ve en paz—dijo el Mago—y seca esas lágrimas. O di que se deben a las cenizas de la hoguera.
No me olvides nunca.
Sabía que no necesitaba decir aquello. Pero, de todas formas, lo dijo.
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